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26 de diciembre de 2009

El orden lógico

Tener las cosas ordenadas, sin duda, ayuda mucho en el quehacer diario. Si mi madre me leyera pensaría que me han abducido los extraterrestres y me han devuelto a la tierra tras un concienzudo lavado de cerebro. Yo, que siempre me escudé en eso de "las mesas ordenadas son propias de mentes vacías" para evadir la responsabilidad de mantener ordenada la mía, ahora soy la más fiel defensora del orden. Del orden justo y necesario, del que nos facilita la vida sin llegar a volvernos locos. Pero por encima de todo, del orden lógico.

De hecho, el orden ilógico, en mi opinión, no sirve de nada. En todo caso, para que no se vean las cosas por medio y nos dificulten el paso, pero nada más. Incluso, llevado al extremo, nos puede dificultar la vida en tal medida que necesitemos recorrer el pasillo de casa diecisiete veces para recoger el salón y hacer las camas.

El principio universal del orden lógico es "GUARDA LAS COSAS LO MÁS CERCA POSIBLE DEL SITIO EN QUE LAS UTILIZAS"

Algunos ejemplos prácticos: mantas y sábanas en el armario de la habitación, toallas en el baño, folios y bolis de repuesto cerca del ordenador y la impresora, manteles y servilletas en el comedor, detergente y suavizante junto a la lavadora...

Esto es aplicable a la casa entera, como podéis ver en los ejemplos anteriores. Cuanto más fielmente cumplamos con este principio (no siempre es posible, por temas de espacio; en ese caso, lo lógico sería priorizar y guardar lejos del lugar de uso las cosas que usamos con menos frecuencia), pero donde de verdad nos ahorraremos tiempo y paseos es en una cocina bien organizada, tema que ampliaré en un nuevo post.

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